*EL
CANCER DEL TIEMPO NOS ESTÁ DEVORANDO...
HENRY MILLER
* escrito norteamericano (1991 -1980).Henry
Miller, el amante cínico y despiadado, falleció el
7 de junio de 1980 en su casa de Pacific Paladisades
.
—fragmentos
escogidos—
.
"No
tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más
feliz del mundo"
Si
algo atrae de la obra de Henry Miller -desde su Trópico de
Cáncer hasta El libro de mis amigos- es su pasión
desmedida, incontenible, cualidad que durante muchos años
la sociedad estadounidense puritana redujo al término de
pornógrafo.
Por su vida y obras se convirtió en uno de los máximos
defensores de la libertad tanto individual como literaria y su búsqueda
de la "salvación" a través de experiencias
intensas influyó enormemente en las ideas de la llamada Beat
Generation. Los "Trópicos" están consideradas
sus mejores novelas por su prosa fluida en la que funde obscenidad
y espiritualismo, y salta con gran naturalidad del expresionismo
más realista al divismo más simbólico. Su obra
ha sufrido los ataques de la crítica feminista, debido a
su retrato de la potencia masculina frente al masoquismo femenino
Su
obra nos muestra una poética perfumada de inconformismo y
rebeldía
que venía en plan de echar por tierra todo ese puritanismo
de aire acondicionado y Hot-dog, todos esos prejuicios raciales
de una Norteamérica preocupada por hacer la guerra y no el
amor.
Los libros de Miller fueron escritos en cuartos baratos, con sexo
y eyaculaciones, sin embargo todo eso lo llevó al papel con
una poética feroz, todo escrito con inteligencia y desfachatez.
Llevó
una vida desenfrenada, abocada a todos los excesos, que reflejó
en sus libros como una ráfaga huracanada, ácida; a
veces maloliente, repulsiva, pero con ese pálpito bullente
en la literatura que lo es de veras.
Dicen que escribía como un poseso en cuartuchos atiborrados
de alcohol y sexo, con un naturalismo emparentado en línea
directa -de extremo a extremo- con un espiritualismo impensable
en alguien que hacía de la crudeza, y hasta de la desfachatez,
la principal de sus armas expresivas.
Henry Miller, el narrador de la urbe, de las prostitutas; el amigo
de Anais Nïn, de los locos, de los reventados por la vida rogaba
a Dios que lo hiciera escritor y así escribir, de una manera
metafórica, desabrochada, todo ese delirante modo de vivir
americano. Sus libros "Trópico de Cáncer"
y "Trópico Capricornio" más que novelas,
biografía o diarios, eran una poética perfumada de
inconformismo y rebeldía que venía en plan de echar
por tierra todo ese puritanismo de aire acondicionado y Hot-dog,
todos esos prejuicios raciales de una Norteamérica preocupada
por hacer la guerra y no el amor. Los libros de Miller estaban escritos
con muchos cuartos baratos, sexo y eyaculaciones, sin embargo todo
eso estaba llevado al papel con una poética feroz, todo escrito
con inteligencia y desfachatez.
En
Francia, Miller escribió: "Un hombre escribe para expulsar
el veneno que ha acumulado debido a su estilo de vida falso. Está
intentando recapturar su inocencia, pero todo lo que logra hacer
(escribiendo) es inocular el mundo con un virus de su desilusión.
Ningún hombre pondría una sola palabra en un papel
si tuviera el coraje de vivir aquello en lo que creía."
------------------------------------------------------ FRAGMENTOS
"No tengo dinero ni recursos ni esperanzas. Soy el hombre más
feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, pensaba que
era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura
se ha desprendido de mí. Ya no hay más libros por
escribir, gracias a Dios"
------------------------------------------------------
FRAGMENTOS
Por la noche cuando contemplo la perilla de Boris reposando sobre
la almohada, me pongo histérico. ¡Oh, Tania! ¿Dónde
estarán ahora aquel cálido coño tuyo, aquellas
gruesas y pesadas ligas, aquellos muslos suaves y turgentes? Tengo
un hueso en la picha de quince centímetros. Voy a alisarte
todas las arrugas del coño, Tania, hinchado de semen. Te
voy a enviar a casa con tu Sylvester con dolor en el vientre y una
matriz vuelta del revés. ¡Tu Sylvester! Sí,
él sabe encender un fuego, pero yo sé inflamar un
coño. Disparo dardos ardientes a tus entrañas, Tania,
te pongo los ovarios incandescentes. ¿Está un poco
celoso tu Sylvester ahora? Siente algo, ¿verdad? Siente los
rastros de mi enorme picha. He dejado un poco más ancha las
orillas. He alisado las arrugas. Después de mí, puedes
recibir garañones, toros, carneros, ánades, san bernardos.
Puedes embutirte el recto con sapos, murciélagos, lagartos.
Puedes cagar arpegios, si te apetece, o templar una cítara
a través de tu ombligo. Te estoy jodiendo, Tania, para que
permanezcas jodida. Y si tienes miedo a que te jodan en público,
te joderé en privado. Te arrancaré algunos pelos del
coño y los pegaré a la barbilla de Boris. Te morderé
el clítoris y escupiré dos monedas de un franco...
trópico de cancer
------------------------------------------------------ FRAGMENTOS
Vivo
en la Villa Borghese. No hay ni pizca de suciedad en ningún
lado, ni una silla fuera de su lugar. Aquí estamos todos
solos y estamos muertos.
Anoche Boris descubrió que tenía piojos. Tuve que
afeitarle los sobacos, ni siquiera así se le pasó
el picor. ¿Cómo puede uno pescarse piojos en un lugar
tan bello como éste?. Pero no importa. Puede que no hubiéramos
llegado nunca a conocernos tan íntimamente Boris y yo, si
no hubiese sido por los piojos.
Boris acaba de ofrecerme un resumen de sus opiniones. Es un profeta
del tiempo. Dice que continuará el mal tiempo. Habrá
más calamidades, más muertes, más desesperación.
Ni el menor indicio de cambio por ningún lado. El cáncer
del tiempo nos está devorando. Nuestros héroes se
han matado o están matándose. Así que el héroe
no es el tiempo, sino la intemporalidad. Debemos marcar el paso,
en filas cerradas, hacia la prisión de la muerte. No hay
escapatoria. El tiempo no va a cambiar.
Estamos ahora en el otoño de mi segundo año en París.
Me mandaron aquí por una razón que todavía
no he podido desentrañar.
No tengo dinero, ni recursos, ni esperanzas. Soy el hombre más
feliz del mundo. Hace un año, hace seis meses, creía
que era un artista. Ya no lo pienso, lo soy. Todo lo que era literatura
se ha desprendido de mí. ya no hay más libros que
escribir, gracias a Dios.
Entonces, ¿éste?. Éste no es un libro. Es un
libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro en el
sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, es
un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo a Dios,
al Hombre, al Destino, al Tiempo, al Amor, a la Belleza... a lo
que les parezca. Cantaré para ustedes, desentonando un poco
tal vez, pero cantaré. Cantaré mientras la palman,
bailaré sobre su inmundo cadáver.
Para cantar primero hay que abrir la boca. Hay que tener dos pulmones
y algunos conocimientos de música. No es necesario tener
un acordeón, ni una guitarra. Lo esencial es querer cantar.
Así, pues, esto es una canción. Estoy cantando.
------------------------------------------------------ FRAGMENTOS
"Soy un hombre que desearía vivir una vida heroica,
hacer el mundo más soportable a su vista. Si en algún
momento de debilidad, de relajación, de necesidad, me desahogo
dejando escapar un poco de cólera ardiente cristalizada en
palabras -un sueño apasionado, envuelto y atado een imágenes-
entonces... tómenlo ó déjenlo... ¡pero
no me molesten!"
"Soy un hombre libre... y necesito mi libertad. Necesito estar
solo. Necesito meditar sobre mi vergüenza y mi desesperación
en soledad; necesito el sol y los adoquines de las calles sin compañía,
sin conversación, cara a cara conmigo mismo, con la compañía
exclusiva de la música de mi corazón.
¿Qué quieren de mí?. Cuando tengo algo que
decir, lo digo. Cuando tengo algo que dar lo doy.
¡Su inquisitiva curiosidad me revuelve el estómago!
¡Sus cumplidos me humillan! ¡Su té me envenena!.
No debo nada a nadie. Sólo sería responsable ante
Dios... ¡Si existiera
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FRAGMENTOS.
“Hay
conchas que ríen y conchas que hablan; hay conchas locas,
histéricas, en forma de ocarinas y conchas lujuriantes, sismográficas,
que registran la subida y la bajada de la savia; hay conchas caníbales
que se abren de par en par como las mandíbulas de una ballena
y te tragan vivo; hay también conchas masoquistas que se
cierran como las ostras, con una perla o dos dentro; hay conchas
ditirámbicas que se ponen a bailar en cuanto se acerca el
pene y se empapan de éxtasis; hay conchas puercoespines que
sueltan sus púas y agitan banderitas en Navidad; hay conchas
telegráficas que practican el código Morse y dejan
la mente llena de puntos y rayas; hay conchas políticas que
están saturadas de ideología y que niegan hasta la
menopausia; hay conchas vegetativas que no dan respuesta, a no ser
que las extirpes de raíz; hay conchas adventistas que huelen
como los adventistas del Séptimo Día y están
llenos de abalorios, gusanos, conchas de almeja, excrementos de
oveja y de vez en cuando migas de pan; hay conchas mamíferas
que están forradas con piel de nutria e hibernan durante
el largo invierno; hay conchas navegantes equipadas como yates,
buenas para solitarios y epilépticos; hay conchas glaciales
en los que puedes dejar caer estrellas fugaces sin causar el menor
temblor; hay conchas diversas que se resisten a cualquier clasificación
y descripción, con las que te tropiezas una vez en la vida
y que te dejan mustio y marcado; hay conchas hechas de pura alegría
que no tienen nombre ni antecedente y estas son las mejores de todos,
pero ¿a dónde han ido a parar?”
------------------------------------------------------ FRAGMENTOS.
En un tiempo pensé que ser humano era el objetivo más
alto que podía tener un hombre, pero ahora veo que estaba
destinado a destruirme. Hoy me siento orgulloso al decir que soy
"inhumano" que no pertenezco a los hombres ni a los gobiernos,
que no tengo nada que ver con credos ni principios. No tengo nada
que ver con la maquinaria crujiente de la humanidad: ¡Pertenezco
a la tierra!. Digo esto con la cabeza reclinada en la almohada y
siento los cuernos que me brotan en las sienes. Veo a mi alrededor
a todos esos antepasados míos bailando en torno a la cama,
consolándome, incitándome, flagelándome con
sus lenguas viperinas, sonriéndome y mirándome de
reojo con sus siniestras calaveras. ¡SOY INHUMANO!. Lo digo
con una sonrisa demente, alucinada y voy a seguir diciéndolo
aunque lluevan cocodrilos. Tras mis palabras se encuentran todas
esas calaveras siniestras que sonríen y miran de reojo, unas
muertas y sonriendo hace mucho tiempo, otras sonriendo como si tuvieran
trismo, otras sonriendo con la mueca de una sonrisa, el sabor anticipado
y las consecuencias de lo que ocurre siempre. Más clara que
nada veo mi propia calavera sonriente, veo el esqueleto bailando
al viento, serpientes saliendo de la lengua podrida y las ampulosas
páginas de éxtasis sucias de excrementos. E incorporo
mi lodo, mi excremento, mi locura, mi éxtasis al gran circuito
que circula a través de los subterráneos de la carne.
Todo ese vómito espontáneo indeseable, de borracho,
seguir manando sin cesar, a través de las mentes de los que
han de venir, a la vasija inagotable que contiene la historia de
la raza. Codo a codo con la raza humana corre otra raza de seres,
los inhumanos, la raza de los artistas que estimulados por impulsos
desconocidos, toman la masa inerte de la humanidad y mediante la
fiebre y el fermento de que la imbuyen, convierten esa pasta húmeda
en pan y el pan en vino y el vino en canción.
Con el abono muerto y la escoria inerte producen una canción
que se contagia. Veo esa otra raza de individuos saqueando el universo,
dejando todo patas para arriba, con las manos vacías, siempre
tratando de agarrar y asir el más allá el dios inalcanzable:
matando a todo lo que está a su alcance para calmar al monstruo
que les roe las entrañas. Lo veo cuando se arrancan los pelos
en su esfuerzo por comprender, por aprehender lo que es eternamente
inalcanzable, lo que veo cuando braman como bestias enloquecidas
y se precipitan dando cornadas, veo que está bien y que no
queda otro camino. Un hombre que pertenezca a esa raza ha de subir
al lugar más alto y arrancarse las entrañas, mientras
pronuncia palabras incoherentes. ¡Está bien y es justo,
porque debe hacerlo! y todo lo que se quede corto con respecto a
ese espectáculo espantoso, todo lo que sea menos escalofriante,
menos aterrador, menos demencial, menos embriagador, menos contagioso,
no es arte. El resto es falso. El resto es humano. El resto corresponde
a la vida y a la ausencia de la vida.
“La mujer raras veces ríe, pero cuando lo hace es como
un volcán. Cuando la mujer ríe, lo mejor que puede
hacer el hombre es largarse al sótano refugio contra ciclones.
Nada quedará en pie ante la carcajada vaginal, ni siquiera
el hormigón armado. Cuando se le despierta la capacidad de
reír, la mujer puede superar en risa a la hiena o al chacal
o al gato montés. De vez en cuando se la oye en una reunión
de linchadores. Significa que se ha quitado la tapa, que todo vale.
Significa que va a salir de caza… y ten cuidado, no te vaya
a cortar los cojones. Significa que, si se acerca la peste, ELLA
llega primero, y con enormes correas te arrancarán la piel
a tiras. Significa que se acostará no sólo con Tom,
Dick y Harry, sino también con el Cólera, la Meningitis
y la Lepra: significa que se tumbará en el altar como una
yegua en celo y aceptará a todos los que se presenten incluido
el Espíritu Santo. Significa que demolerá en una noche
lo que el pobre hombre tardó, con su habilidad logarítmica,
cinco mil, diez mil, veinte mil años en construir. Lo demolerá
y se meará en ello, y nadie la detendrá, una vez que
empiece a reír en serio.”
------------------------------------------------------ FRAGMENTOS.
En la tumba que es ahora mi memoria la veo a ella, a la que amé
más que a nadie, más que al mundo, más que
a Dios, más que a mis propias carne y sangre. La veo pudrirse
en ella, en esa sanguinolenta herida de amor, tan próxima
a mí que no podría distinguirla de la propia tumba.
La veo luchar para liberarse, para limpiarse del dolor del amor,
y sumergirse más con cada forcejeo en la herida, atascada,
ahogada, retorciéndose en la sangre.
Veo
la horrible expresión de sus ojos, la lastimosa agonía
muda, la mirada del animal atrapado. La veo abrir las piernas para
liberarse y cada orgasmo es un gemido de angustia. Oigo las paredes
caer, derrumbarse sobre nosotros y la casa deshacerse en llamas.
Oigo que nos llaman desde la calle, las órdenes de trabajar,
las llamadas a las armas, pero estamos clavados al suelo y las ratas
nos están devorando. La tumba y la matriz del amor nos sepultan,
la noche nos llena las entrañas y las estrellas brillan sobre
el negro lado sin fondo.
Pierdo
el recuerdo de las palabras, incluso de su nombre que pronuncié
como un monomaníaco. Olvidé qué aspecto tenía,
qué sensación producía, cómo olía,
mientras penetraba cada vez más profundamente en la noche
de la caverna insondable. La seguía hasta el agujero más
profundo de su ser, hasta el osario de su alma, hasta el aliento
que todavía no había expirado de sus labios. Busqué
incansablemente a aquella cuyo nombre no estaba escrito en ninguna
parte, penetré hasta el altar mismo y no encontré…
nada.
Me
enrosqué en torno a esa concha de nada como una serpiente
de anillos flameantes, me quedé inmóvil durante seis
siglos sin respirar, mientras los acontecimientos del mundo se colaban
y formaban en el fondo un viscoso lecho lleno de moco. Vi el Dragón
agitarse y liberarse del dharma y del karma, vi a la nueva raza
del hombre cociéndose en la yema del porvenir. Vi hasta el
último signo y el último símbolo, pero no pude
interpretar las expresiones de su rostro. Sólo pude ver sus
ojos brillantes, enormes, luminosos, como senos carnosos, como si
yo estuviera nadando por detrás de ellos con los efluvios
eléctricos de su visión incandescente. (…)
Así
caminamos, dormimos y comimos juntos, los gemelos siameses a quienes
Dios había juntado y a quienes sólo la muerte podría
separar. Caminábamos con los pies para arriba y las manos
cogidas. Ella se vestía casi exclusivamente de negro, salvo
algunos parches purpúreos, de vez en cuando. No llevaba ropa
interior, sólo un vestido de terciopelo negro saturado de
perfume diabólico. Nos acostábamos al amanecer y nos
levantábamos justo cuando estaba oscureciendo. Vivíamos
en agujeros negros con las cortinas cerradas, comíamos en
platos negros, leíamos libros negros. Por el agujero negro
de nuestra vida nos asomábamos al agujero negro del mundo.
El sol estaba oscurecido permanentemente, como para ayudarnos en
nuestra continua lucha intestina. Nuestro sol era Marte, nuestra
luna Saturno; vivíamos permanentemente en el cenit del averno.
La Tierra había dejado de girar y a través del agujero
en el cielo colgaba por encima de nosotros la negra estrella que
nunca destellaba. De vez en cuando nos daban ataques de risa, una
risa loca, de batracio, que hacía temblar a nuestros vecinos.
De vez en cuando cantábamos, delirantes, desafinados, en
puro trémolo. Estábamos encerrados durante la larga
y oscura noche del alma, período de tiempo inconmensurable
que empezaba y acababa al modo de un eclipse. Girábamos en
torno a nuestros propios yoes como satélites fantasmas. Estábamos
ebrios con nuestra propia imagen, que veíamos cuando nos
mirábamos a los ojos. Entonces, ¿cómo mirábamos
a los demás? Como el animal mira a la planta, como las estrellas
miran al animal. O como dios miraría la hombre, si el demonio
le hubiera dado alas. Y, a pesar de todo, en la fija y estrecha
intimidad de una noche sin fin, ella estaba radiante, alborozada.
Tenía
dos cañones, como una escopeta, era un toro hembra con una
antorcha de acetileno en la matriz. Cuando estaba en celo, se concentraba
en el gran cosmocrator, los ojos se le quedaban en blanco, los labios
llenos de saliva. En el ciego agujero del sexo, valsaba como un
ratón amaestrado, con las mandíbulas desencajadas
como las de una serpiente, con la piel erizada de plumas armadas
de púas. Tenía la lascivia insaciable de un unicornio,
el prurito que provocó la decadencia de los egipcios.
¿Qué
era la vida en la tierra sólida para nosotros que estábamos
decapitados y unidos para siempre por los genitales? La vida era
un joder perpetuo y negro en torno a un poste fijo de insomnio.
La vida era escorpión en conjunción con Marte, en
conjunción con Mercurio, en conjunción con Venus,
en conjunción con Saturno, en conjunción con Plutón,
en conjunción con Urano, en conjunción con el mercurio,
el láudano, el radio, el bismuto. (…)
La
razón por la que es difícil contarlo es porque recuerdo
demasiado. Recuerdo todo, pero como un muñeco sentado en
las rodillas de un ventrílocuo. Me parece que durante el
largo e ininterrumpido solsticio conyugal estuve sentado en su regazo
y recité el discurso que ella me había enseñado.
Me parece que debió ordenar al fontanero jefe de Dios que
mantuviera brillando la negra estrella a través del agujero
en el techo, debió de mandarle que derramase una noche perpetua.
¿Imaginé simplemente que ella hablaba sin cesar, o
es que me había convertido en un muñeco tan maravillosamente
amaestrado, que interpretaba el pensamiento antes de que llegara
a los labios?
Tenía
el don de la transformación, era casi tan rápida y
sutil como el propio diablo. Después de la de la pantera
y la del jaguar, la transformación que mejor se le daba era
la de ave: la de garza salvaje, la de ibis, la de flamenco, la de
cisne en celo. Tenía una forma de bajar en picado de repente,
como si hubiera avistado un cadáver maduro, lanzándose
derecho a las entrañas, arrojándose inmediatamente
sobre los bocados preferidos –el corazón, el hígado
o los ovarios- y remontando el vuelo de nuevo en un abrir y cerrar
de ojos. Si alguien la descubría, se quedaba quieta como
una piedra n la base de un árbol, con los ojos no del todo
cerrados, pero inmóviles, con esa mirada fija de basilisco.
Si la aguijoneaban un poco se convertía en una rosa, una
rosa intensamente negra con los pétalos más sedosos
y de una fragancia irresistible.
¡Qué
apacible nuestra vida de paloma y buitre en la oscuridad! Exceptuando
el alucinante agujero en el techo, una vida en el útero casi
perfecta. Pero allí estaba el agujero –como una fisura
en la vejiga- y no había orina que pudiera pasar con una
sonrisa. Mear larga y libremente, sí, pero ¿cómo
olvidar la grieta en el campanario, el silencio no natural, la inminencia,
el terror, la fatalidad del “otro” mundo? Comer hasta
hartarse, sí y mañana otro hartazgo, y mañana
y mañana, y mañana… pero al final ¿qué?
¿Al final? ¿Qué era el final?
¿Un
cambio de ventrílocuo, un cambio de regazo, un desplazamiento
del eje, otra grieta en la bóveda… qué? ¿Qué?
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FRAGMENTOS
Bibliografia
- 1934. Tropic of Cancer / Trópico de Cáncer
- 1934. Black Spring / Primavera Negra
- 1935. Aller Retour New York
- 1938. Max and the White Phagocytes / Max y los fagocitos blancos
- 1938. Tropyc of Capricorn / Trópico de Capricornio
- 1939. The Cosmological Eye / El ojo cosmológico
- 1940. The World of Sex / El mundo del sexo
- 1941. The Colossus of Maroussi / El Coloso de Marusi
- 1944. Sunday After the War / Un día después de la
Guerra
- 1945. The Air-Conditioned Nightmare / Pesadilla de aireacondicionado
- 1945. Semblance of a Devoted Past
- 1947. Remember to Remember
- 1948. The Smile at the Foot of the Ladder / La Sonrisa al pie
de la escala
- 1949. Sexus
- 1950. Rosy Crucifixion / La Cruxificción rosada
- 1952. Rimbaud / El Tiempo de los Asesinos
- 1953. Plexus
- 1955. Nights of Love and Laughter / Noches de amor y alegrías
- 1957. Big Sur and the Oranges of Hieronymus Bosh
- 1961. To Paint is to Love Again
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